Spiritual Contemplation

Narración 6 para la tarde del Viernes: El Juicio Romano, La Crucifixión Y El Entierro

Pascua Espiritual - 6 - La Crucifixión

Pascua Espiritual Español

VIERNES - NARRACIÓN 6
EL JUICIO ROMANO, LA CRUCIFIXIÓN Y EL ENTIERRO
Capítulos 81, 82 y 83 del Evangelio de los Doce Santos

Narración:

Narración 6 para la tarde del Viernes: El Juicio Romano, La Crucifixión Y El Entierro

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Reflexión:

Viernes - Reflexión 6 - Mostrando Nueva Fuerza Interior

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Narración:

Narración 6 para la tarde del Viernes: El Juicio Romano, La Crucifixión Y El Entierro

Llevaron a Jesús de Caifás al tribunal en el pretorio, ante Poncio Pilato, el gobernador. Era temprano en la mañana y no entraron en el salón para no contaminarse, y así poder celebrar la Pascua. Entonces Pilato se acercó a ellos y les dijo: ´´¿Qué acusación traen contra este hombre?´´. Ellos respondieron diciendo: ´´Si no fuera un malhechor, no te lo habríamos entregado. Tenemos una ley y según nuestra ley él debe morir, porque quiere abolir las costumbres y rituales que Moisés nos ordenó seguir; sí, él se proclama a sí mismo como el Hijo de Dios´´.
Entonces Pilato les dijo: ´´Tómenlo y júzguenlo conforme a su ley´´, pues sabía que lo habían entregado por envidia. Entonces los judíos le dijeron: ´´No nos es lícito matar a nadie´´. Se cumplió, pues, la palabra que Jesús había dicho, indicando de qué muerte moriría. Lo acusaron además diciendo: ´´Encontramos a este hombre sublevando al pueblo y prohibiendo pagar tributo al César, diciendo de sí mismo ser Cristo, un Rey´´.
Entonces Pilato entró de nuevo en la sala del juicio, llamó a Jesús y le preguntó: ´´¿Eres tú el Rey de los judíos?´´ Jesús le respondió: ´´¿Lo dices por tu cuenta, o te lo han dicho otros de mí?´´. Pilato respondió: ´´¿Soy judío? Tu propio pueblo y los sumos sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?´´. Respondió Jesús: ´´Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis seguidores lucharían para que yo no fuese entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí´´.
Y Pilato le dijo: ´´Entonces ¿eres un Rey?´´. Jesús respondió: ´´Tú dices que yo soy Rey, sí, un Rey soy. Con este fin nací y por esta causa vine al mundo para dar testimonio de la verdad. Todos los que son de la verdad escuchan mi voz´´. Pilato le dijo: ´´¿Qué es la verdad?´´. Jesús dijo: ´´La verdad viene del cielo´´. Pilato respondió: ´´Entonces la verdad no está en la tierra´´. Jesús le dijo a Pilato: ´´Créelo, la verdad está en la tierra entre los que la reciben y la obedecen. Están en la verdad quienes juzgan con justicia´´.
Al oír esto, de nuevo Pilatos se acercó a los judíos y les dijo: ´´No encuentro en él ninguna culpa´´. Cuando fue acusado por los sumos sacerdotes y los ancianos, no les respondió nada. Entonces Pilato le dijo a Jesús: ´´¿No oyes cuántas cosas testifican contra ti?´´. Jesús no le respondió ni una palabra, de tal manera que el gobernador se maravilló mucho, y de nuevo les dijo: ´´No encuentro ninguna falta en este hombre´´. Entonces ellos se encolerizaron más y gritaron, ´´ Él subleva al pueblo, enseñando por toda Judea, comenzando desde Galilea hasta aquí´´.
Y cuando Pilato oyó hablar de Galilea, preguntó si el hombre era galileo. Tan pronto como supo que pertenecía a la jurisdicción de Herodes, lo envió a ver a Herodes, que estaba en Jerusalén en ese momento. Cuando Herodes vio a Jesús, se puso muy contento, ya que deseaba conocerle desde hace tiempo porque había oído hablar mucho de él y esperaba verle hacer algún milagro. Entonces le hizo muchas preguntas, pero Jesús no le respondió.
Los sumos sacerdotes y los escribas se pusieron de pie y le acusaron con vehemencia, y muchos testigos falsos se levantaron contra él y le culparon de cosas que él no conocía. Herodes y sus soldados se burlaron de él y lo vistieron con una túnica suntuosa y lo enviaron de nuevo a Pilato. Ese mismo día Pilato y Herodes se hicieron amigos, pues antes habían sido enemigos. Pilato entró de nuevo al pretorio y dijo a Jesús: ´´¿De dónde eres?´´. Pero Jesús no le respondió.
Y Pilato le dijo: ´´¿no me hablas? ¿No sabes que tengo poder para crucificarte y poder para liberarte?´´. Respondió Jesús: ´´ninguna autoridad tendrías sobre mí, si no fuese dada de arriba; por eso el que me entregó a ti es quien tiene mayor pecado´´. Entonces Pilato procuró soltarle, pero los judíos gritaron, diciendo: ´´Si sueltas a este hombre, no eres amigo del César; pues todo aquel que se proclama rey, se rebela contra el César´´.
Entonces, Pilato convocó a los sumos sacerdotes y a los gobernantes del pueblo. Cuando estaba sentado en el tribunal, su esposa le envió un mensaje diciendo: ´´No tengas nada que ver con ese hombre justo, porque hoy he sufrido mucho en un sueño, por causa de él´´. Y Pilato les dijo: ´´Me han traído a este hombre, como uno que subleva al pueblo, y he aquí, que lo he examinado delante de ustedes, y no he hallado en él culpa alguna. No, ni siquiera Herodes, con quien lo envié y tampoco encontró nada digno de muerte en él. Pero ustedes tienen por costumbre que suelte a uno en la Pascua; ¿quieren, pues, que les suelte al Rey de los judíos?´´.
Entonces todos volvieron a gritar, diciendo: ´´A este hombre no, sino a Barrabás´´. Barrabás era un malhechor que fue encarcelado por insurrección en la ciudad y por homicidio. Por lo tanto, Pilato, dispuesto a liberar a Jesús, les dijo de nuevo. ´´¿A cuál de los dos quieren que suelte, a Barrabás, o a Jesús que es llamado el Cristo?´´. Ellos dijeron, ´´Barrabás´´. Pilato les dijo: ´´¿Qué quieren que haga con Jesús, llamado el Cristo?´´. Todos respondieron: ´´Que sea crucificado´´. El Gobernador dijo: ´´¿Por qué? ¿Qué mal ha hecho?´´. Pero ellos gritaron aún más diciendo: ´´¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!´´.
Y Pilato salió otra vez y les dijo: ´´He aquí, otra vez lo traigo ante ustedes, para que sepan que no encuentro en él ninguna falta´´. Otra vez gritaron, ´´¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!´´ Pilato les dijo por tercera vez: ´´¿Por qué? ¿Qué mal ha hecho? No he encontrado causa de muerte en él. Por lo tanto, le haré azotar y lo soltaré´´. Al instante alzando grandes voces, solicitaron que fuese crucificado. Y sus voces y las de los sumos sacerdotes, dominaban por encima de todos.
Cuando Pilato vio que no podía prevalecer, sino que, por el contrario, se había producido un tumulto mayor, tomó agua y se lavó las manos delante de la multitud, diciendo: ´´Soy Inocente de la sangre de este justo; Allá ustedes´´. Y el pueblo respondió gritando: ´´Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos´´. Entonces Pilato dio la sentencia de que debía ser como ellos exigían. Y entregó a Jesús, conforme a su voluntad.


La Crucifixión
Les soltó a Barrabás; y después de azotar a Jesús, lo entregó para ser crucificado. Entonces los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio y reunieron a todo el grupo de soldados a su alrededor. Lo desnudaron y le pusieron una túnica púrpura. Trenzaron una corona de espinas, la pusieron sobre su cabeza y una caña en su mano derecha, y doblando ante él la rodilla se burlaron, diciendo: ´´¡Salve, Rey de los judíos!´´. Entonces Jesús salió, llevando la corona de espinas y el manto púrpura. Pilato les dijo: ´´¡He aquí al hombre!´´. Cuando los sumos sacerdotes y los gobernantes del pueblo lo vieron, gritaron diciendo: ´´¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!´´. Y Pilato les dijo: ´´Tómenlo y crucifíquenlo, pues yo no encuentro culpa en él´´. Escupieron sobre él, tomaron la caña y le golpearon en la cabeza. Después de burlarse de él, le quitaron la túnica, le pusieron sus propias vestiduras y lo llevaron a crucificar. Mientras se lo llevaban, capturaron a un hombre de Cirene llamado Simón, que venía del campo, y le pusieron encima la cruz para que la llevara detrás de Jesús.
Le seguía un gran grupo de personas, entre ellas muchas mujeres que también se lamentaban y le lloraban. Pero Jesús, volviéndose hacia ellas, les dijo: ´´Hijas de Jerusalén, no lloren por mí, lloren por ustedes y por sus hijos. Porque he aquí, que vienen los días en que dirán: Bienaventuradas las estériles, los vientres que nunca engendraron, y los pechos que nunca amamantaron. Entonces comenzarán a decir a las montañas ¡caigan sobre nosotros! y a las colinas ¡cúbrannos! Porque si en el árbol verde hacen estas cosas, en el seco ¿qué no se hará? ´´.
También fueron llevados a crucificar otros dos, que eran malhechores. Y cuando llegaron a un lugar llamado el Calvario y el Gólgota, que quiere decir, el lugar de la calavera, los crucificaron, uno a su derecha y otro a su izquierda. Era la hora tercera cuando le crucificaron, y le dieron a beber vinagre mezclado con hiel; y cuando lo probó, no quiso beberlo. Y Jesús dijo, "Abba-Imma, perdónalos, porque no saben lo que hacen´´.
Entonces los soldados, después de crucificar a Jesús, tomaron sus vestiduras dividiéndolas en cuatro partes, para cada soldado una parte, y también su túnica. La túnica era sin costura, tejida en una pieza. Y dijeron entre ellos: ´´No la rompamos, sino echemos suertes sobre ella, para ver a quien le toca´´. A fin de que se cumpliese la Escritura que dice: ´´Repartieron entre ellos mis vestiduras, y echaron suertes sobre mi túnica´´. Y estas cosas hicieron los soldados.
Y se sentaron a hacer guardia. También se escribió una inscripción sobre él en letras griegas, latinas y hebreas, diciendo: ´´Este es el Rey de los judíos´´. Muchos judíos la leyeron, porque el lugar donde Jesús fue crucificado estaba cerca de la ciudad. Entonces los sumos sacerdotes judíos dijeron a Pilato: ´´No escribas: El Rey de los Judíos, sino: Él ha dicho: Yo soy el Rey de los Judíos´´. Pilato respondió: ´´Lo que he escrito, escrito está´´.
Y uno de los malhechores que estaban colgados se burló, diciendo: ´´Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros´´. Pero el otro, le reprendió, diciendo: ´´¿No temes a Dios, puesto que también tú eres condenado? Y nosotros, en verdad, con justicia, porque recibimos la recompensa debida por nuestras obras, pero este hombre no ha hecho nada malo´´. Y le dijo a Jesús: ´´Señor, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino´´. Jesús le dijo: En verdad te digo, hoy estarás conmigo en el Paraíso´´.
Los que pasaban por allí le insultaban, moviendo sus cabezas y diciendo: ´´Tú que destruirías el templo y lo construirías en tres días, ¡sálvate a ti mismo! Si eres el Hijo de Dios, ¡baja de la cruz!´´. Los sumos sacerdotes también se burlaban de él, mientras que los escribas y los ancianos decían: ´´Salvó a un cordero; pero a sí mismo no puede salvarse. Si él es el Rey de Israel, que baje ahora de la cruz y le creeremos. Confió en Dios, que lo libere ahora si le quiere, porque él ha dicho, Yo soy el Hijo de Dios´´.
Los cambistas y los mercaderes de bestias y aves también hablaron cosas similares en su cara, diciendo: ´´Tú que echas del templo a los mercaderes de bueyes, ovejas y palomas, no eres más que una oveja sacrificada´´. Entonces, desde la hora sexta hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora novena, y algunos que se hallaban alrededor encendieron sus antorchas, porque la oscuridad era muy grande. Hacia la sexta hora, Jesús gritó con voz fuerte: ´´ Elí, Elí, ¿lama sabactani? ´´, que quiere decir, ´´Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? ´´.
Algunos de los que estaban allí, al oír esto, dijeron: ´´Este hombre llama a Elías´´; otros dijeron: ´´Llama al sol´´. Los demás dijeron: ´´Vamos, veamos si Elías vendrá a salvarlo´´. Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Cuando Jesús vio a su madre, y junto a ella al discípulo a quien amaba, dijo a su madre: ´´Mujer, he aquí a tu hijo´´. Y dijo al discípulo: ´´¡He aquí a tu madre!´´. Y desde esa hora aquel discípulo la acogió en su propia casa.
Después de esto, sabiendo que ya todo se había cumplido, y para que la Escritura se cumpliera hasta el final, Jesús dijo: ´´Tengo sed´´. Entonces, empaparon una esponja con vinagre de un recipiente, la ataron a una rama de hisopo y se la acercaron a la boca. Y Jesús clamó con gran voz, diciendo: "¡Abba-Imma, en tus manos encomiendo mi espíritu!´´. Cuando Jesús hubo recibido el vinagre, clamó en voz alta: "¡Consumado está!"; e inclinando su cabeza, entregó el espíritu, y era la novena hora. Y he aquí, que hubo grandes truenos y relámpagos, y el velo del templo se rasgó en dos, de arriba hacia abajo, tembló la tierra, y las rocas se partieron.
Cuando el centurión y los que estaban con él vigilando a Jesús vieron el terremoto y las cosas que habían sucedido, sintieron muchísimo temor, diciendo: ´´Verdaderamente era Hijo de Dios´´. También estaban allí muchas mujeres que le habían seguido y servido desde Galilea, y entre ellas estaba María, la madre de Santiago y José, y la madre de los hijos de Zebedeo, y se lamentaban, diciendo: ´´La luz del mundo está oculta a nuestros ojos, el Señor, nuestro Amor, ha sido crucificado´´.
Entonces los judíos, como era víspera del sábado pascual y los cuerpos no debían permanecer sobre la cruz, pidieron a Pilato que se les quebrasen las piernas, y que fuesen quitados de allí. Los soldados vinieron y rompieron las piernas de los dos que estaban crucificados con él, pero, cuando se acercaron a Jesús y vieron que ya estaba muerto, no le rompieron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó el corazón con una lanza e inmediatamente brotó sangre y agua.
Y el que lo ha visto ha dado testimonio, y su testimonio es verdadero; y sabe que dice la verdad, para que ustedes también lo crean. Porque estas cosas sucedieron para que se cumplieran estas Escrituras: ´´...un hueso de él no será quebrado...´´, y también, ´´...ellos mirarán al que atravesaron´´.


El Entierro de Jesús
Al anochecer, llegó José de Arimatea, un honorable miembro del Sanedrín, que también esperaba el Reino de Dios, y valientemente fue hasta Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús (él era un hombre bueno y justo y no había aprobado la resolución del Sanedrín). Pilato se sorprendió de que Jesús ya hubiese muerto; y llamando al centurión, le preguntó si ya estaba muerto. Cuando lo supo por el centurión, le entregó el cuerpo a José.
Entonces, José fue y tomó el cuerpo de Jesús. También llegó Nicodemo, el que antes fue a ver a Jesús de noche, y trajo una mezcla de cerca de cien libras de mirra y áloe. Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en telas de lino con las especias aromáticas, como es la costumbre al enterrar a los judíos. Había un jardín en el lugar donde fue crucificado, en el cual había una tumba nueva donde nadie había sido puesto aún.
Allí colocaron a Jesús, y era el comienzo de la segunda vigilia pascual cuando le sepultaron, ya que la tumba estaba cerca. María Magdalena, la otra María, y María la madre de José, vieron el sepulcro dónde fue enterrado. Permanecieron allí, en el sepulcro, durante tres días y tres noches. También las mujeres que vinieron con él desde Galilea, llevando lámparas, vieron el sepulcro y cómo fue puesto su cuerpo, y empezaron a llorar y a lamentarse. Se fueron y descansaron el día siguiente, conforme al mandamiento, y compraron especias, prepararon ungüentos y esperaron que terminara el sábado.
Al siguiente día, los sumos sacerdotes y los fariseos se reunieron con Pilato, diciendo: ´´Señor, nos acordamos de lo que aquel impostor dijo en vida: ´´Después de tres días resucitaré´´. Manda, pues, a que el sepulcro esté seguro hasta que haya pasado el tercer día, por si sus discípulos vinieran de noche y lo robaran, y dijeran al pueblo: ´´Ha resucitado de entre los muertos´´, así el último engaño sería peor que el primero´´. Pilato les dijo: ´´ Allí tienen a un guardia, vayan, asegúrenlo todo lo que puedan´´. Así que fueron y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y poniendo el guardia hasta que hubiese pasado el tercer día.

Reflexión:

Viernes - Reflexión 6 - Mostrando Nueva Fuerza Interior

La verdad, el misterio divino, es uno e indivisible; no hay nada que separe a los seres humanos del poder de Cristo, a menos que se distancien de él o hagan ´´imágenes talladas´´ para sí mismos. La escuela de misterios cósmicos es omnipresente y trata de despertar la semilla de luz en cada corazón humano de su sueño de muerte. Con ese fin puro, el poder de la luz sobrenatural desciende en la personalidad terrenal.
El primer despertar del ser interior, Jesús, a través del ´´beso de luz a la vida´´ causa una nostalgia profundamente sentida y una conciencia inquebrantable de la existencia de una forma superior de vida humana. Pero, además, trae especialmente algo completamente nuevo: la experiencia consciente de la propia dualidad, el reconocimiento de la realidad del Otro dentro de nosotros. A partir de ese momento hay dos voces morando en nuestro pecho.
Esta dualidad, este ´´despertar´´ de dos seres dentro de un microcosmos, es una situación especial en la que se escucha la voz tanto del mortal como del ser interior recién despertado. En cada situación de la vida nos enfrentamos a dos caminos posibles: el camino exterior en el que el hombre exterior surge, pero eventualmente muere; y el camino interior, el camino de Belén al Gólgota, en el que el ser interior surge y entra en la nueva vida.
Ambos caminos nos invitan, nos llaman, y nosotros los seres humanos preferiríamos no hacer una elección, pero en lugar de ello, intentamos comprometernos…
El poder de Cristo se sacrifica a sí mismo, se ofrece a aquellos que luchan por progresar en el camino interior, mientras vencen una y otra vez las tentaciones del camino exterior y descartan todas las imágenes talladas del mundo de la forma.
Esta fuerza, el pan y el vino espiritual, nutre al hombre interior y purifica al hombre exterior para convertirlo en un servidor del interior. ¡Pero ambos continúan existiendo uno al lado del otro, cada uno atraído por su propio camino!
Luego comienza la fase de la fiesta de Pascua, y depende de Pedro y Juan (nuestra voluntad, la cabeza y nuestro sentimiento, el corazón) preparar un pan sin levadura. La cabeza y el corazón solo pueden forjarse para tal unidad si ambos realmente la quieren y la anhelan. Así que deben haberse vuelto puros a tal grado que sean capaces de recibir la fuerza de luz pura, ´´sin fermentar´´. Esta fuerza de luz sin mancha, este Cristo puro como poder, se indica en los Misterios como el Cordero o la Sangre de Cristo.
Esta fuerza es tan sobrenatural y posee un gran poder transformador que solo se puede recibir en una taza o tazón que ha sido diseñado para este propósito especial. Pedro y Juan, la voluntad pura y el deseo puro, juntos construyen este tazón, que simboliza la unidad de cabeza y corazón que ha sido restaurada en el ser exterior. Esto a veces se representa de la siguiente manera: la base de la copa se encuentra en el corazón, y la laringe es el punto desde el que la cabeza se abre como una copa a la luz.
Es esta copa en la que se sacrifica el cordero pascual, y en la que José de Arimatea trae la sangre de Jesucristo al Oeste, a la tierra del sol poniente.
El vino se recibe en esta copa interior, que se elabora durante el misterio séptuple de la Santa Cena. Es la copa de la que Jesús dice en el Huerto de Getsemaní:
´´Oh, Padre-Madre mío, si es posible, que pase de mí esta copa; sin embargo, que no se haga mi voluntad, sino la tuya ´´.
El Evangelio de los Doce Santos 77: 6

Getsemaní es el nombre de una niña que significa ´´prensa de aceitunas´´, o ´´recipiente de aceite´´. El Espíritu Santo, la luz transformadora séptuple, es un principio femenino que se manifiesta y los siete rayos actúan sobre la personalidad como una prensa de aceitunas. El aceite es un símbolo del poder del alma, la fuerza del ser interior.
La historia corta sobre los acontecimientos en el Jardín de Getsemaní, por lo tanto, indica un proceso espiritual en el que el poder puro del alma, el aceite precioso, se libera cuidadosamente de la personalidad y se recoge en un recipiente especial, el cuerpo del alma.
Este proceso extremadamente delicado tiene un gran valor para la resurrección del ser interior. Por esta razón, la preocupación de Jesús (el Amor) por la lucha interior del Alma le hace orar tres veces para establecer si este es el momento adecuado.
Porque una y otra vez los discípulos se duermen en el Monte de los Olivos porque ´´el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil´´. En su angustia, Jesús pregunta hasta tres veces si la copa realmente debe ser aceptada en este momento, sabiendo que requiere la participación consciente y despierta de la personalidad.
Los discípulos simbolizan los doce aspectos de la personalidad que, como ramas de un árbol brotan de la cabeza y desde allí se extienden por todo el cuerpo físico. Estos ´´discípulos´´ son indispensables para todos los procesos físicos y espirituales. Es por eso que Jesús los limpió durante la Santa Cena.
Ahora él toma este ´´olivo´´ arriba de la montaña y lo sumerge en el campo del alma, para que los discípulos puedan saber lo que sucederá. Pero los discípulos se duermen: la conciencia despierta normal no puede seguir aquí, solo la percepción interna puede hacerlo.
Solo hay un discípulo que no lo sigue en la montaña: Judas Iscariote. Y a Judas Iscariote, todos lo conocemos.
Él es de hecho uno de los discípulos que Jesús mismo seleccionó en uno de sus viajes, pero originalmente es un recaudador de impuestos (Evangelio de Acuario 88: 21-26), uno que permite el acceso a una determinada vía solo después del pago. Representa nuestra posesividad natural, ambición y deseo de poder.
Estas fuerzas son particularmente fuertes y nos atan con cada átomo al mundo material. Judas dentro de nosotros siempre tratará de colocar la vida superior dentro del marco de la tierra, regateando y comprometiéndose. Por lo tanto, Jesús ha sido traicionado en el camino espiritual no solo una vez, sino una y otra vez.
Judas tropezó sobre el umbral que él mismo erigió a través de su actividad como recaudador de impuestos, por lo que no podrá celebrar la Pascua. Por lo tanto, no sigue a Jesús subiendo al Monte de los Olivos. En cambio, va a Caifás, el sumo sacerdote. Así como Pedro simboliza el aspecto purificado de la voluntad, Caifás se relaciona con la voluntad del ser exterior que todavía está presente.
Caifás entiende que su última hora ha llegado a menos que tenga éxito en quitar la fuerza de luz, Jesús, de ´´su reino´´, y rápidamente. Y Judas el regateador es una presa fácil para Caifás. Porque Judas no puede vigilar el sendero, no ha sido iniciado en el Monte de los Olivos y por lo tanto sigue actuando de acuerdo con la ley exterior, la ley de Moisés.
Bajo esa ley, la Pascua se celebra con la matanza de un cordero, un cordero Pascual, dentro de las puertas de Jerusalén. Judas compró un cordero para servir a Jesús, pero Jesús se negó a sacrificarlo. En cambio, los discípulos y Jesús -el Cordero de Dios- celebran la Pascua dentro de las puertas de la Jerusalén interior, con pan.
El Caifás dentro de nosotros usa inmediatamente este incidente como una oportunidad para condenar a Jesús a muerte: ¡de acuerdo con la ley, un cordero debe ser sacrificado! Judas promete a Caifás traicionar a Jesús por dinero. Y con un ´´beso de muerte´´ Judas indica cuál de los hombres es Jesús, entregándolo así a los sumos sacerdotes, a los sirvientes del templo y a los fariseos.
Simón Pedro quiere proteger la vida de Jesús y saca la espada de su fuerza de voluntad, una reacción totalmente natural, pero Jesús no lo permite mientras dice:
´´Vuelve a poner tu espada en su lugar; todos los que tomen la espada, por la espada perecerán´´. Y le dijo a Pedro: ´´¿Crees que ahora no puedo orar a mi Padre y que pronto me dará más de doce legiones de ángeles? Pero entonces, ¿cómo se cumplirán las Escrituras, que así debe ser?´´.
Entonces todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.
El Evangelio de los Doce Santos 78: 8-10

No mucho tiempo después Jesús es negado tres veces por el mismo valiente y sincero Simón Pedro. El gallo canta, Jesús se da la vuelta y lo mira: el miedo es siempre más fuerte que la voluntad humana, por purificada que sea. Y salió Simón y lloró amargamente.
De esta manera, el aceite del alma es extraído de la personalidad hasta la última gota; el ser interior demuestra su fuerza y confianza, y no cede a los instintos del ser exterior. Porque la luz interior no necesita luchar, simplemente lo es. No se retira y el Cordero se entrega voluntariamente, siendo así encarcelado para llevar el proceso espiritual a buen fin.